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Tiempos modernos y selfies

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Nos encontramos en una época, cuando menos, curiosa. Una época en la que somos verdaderos amantes de la fotografía, de la comida ecológica super-extra “healthy”, de la comunicación con otras personas a través de una pantalla, de elegir a la carta lo que queremos ver en nuestro televisor, de usar cosas que no necesitamos porque eso nos hace “seres interesantes” o de catalogarnos con cualquier palabra que acabe en “er”.

Ahora, ¿quién no es experto en hacer fotos? Un pajarito en medio de una calle solitaria, un móvil medianamente pasable, un filtro llamativo y ¡listo! Ahora la única duda es: “¿la subo a Instagram, a Facebook, a Twitter o a todas juntas?”. Y es que no es nada raro ir por la calle y encontrarte con gente que le hace fotos a una ventana de las de toda la vida, a una baldosa mal puesta, a la maceta de un balcón y hasta a un papel arrugado.

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Pero las fotos por excelencia de ahora son las selfies. Esas fotos que nos hacemos a nosotros mismos solos o acompañados (mejor solos, claro). Las selfies, esos momentos de plena intimidad con la cámara, en los que estamos solos con el objetivo, los filtros o el flash. Hay personas que viven por y para las selfies, las suben a las redes sociales y esperan impacientes los “likes”. “¿Hoy pongo labios de pato o ya los puse ayer?”, “Mira que a mi me favorece mucho salir en la foto mordiéndome la lengua…”, “¿Le pongo filtro Blue Sea Eyes o Bright Banana?”. Y es que, ya hay numerosos psicólogos que han encontrado una fina conexión entre la adicción a hacerse selfies con la baja autoestima o el narcisismo, debido a un trastorno dismórfico corporal.

Otra cuestión de ahora es nuestro gusto por lo viejo, lo retro, lo antiguo (perdón, ahora se llama “Vintage”). Nos gustan las series que nos evocan tiempos pasados, se nos eriza la piel si vemos una máquina del “Pac-Man” y pagamos más dinero por prendas de ropa u objetos que tenían nuestras abuelas y, en los que hace años, jamás nos hubiéramos fijado.
– ¡Anda, un jarrón con una escena rupestre pintada!
– Hija, ese es el jarrón que le regaló tu tío Antonio a tu abuela cuando volvió de Alemania.
– Pues si no te importa, me lo quedo y lo subo a Wallapop, que “lo peto”.

Hace unos días, entré en una cafetería. Con solo abrir la puerta, parecía que habías viajado en la máquina del tiempo hasta los años 60. Los decorados eran totalmente sesenteros con temática hippie y retro. Casi todos los asientos estaban ocupados, la cafetería estaba a rebosar de jóvenes que parecían sentirse especialmente cómodos allí. Lo curioso, es que cerca de aquel lugar, tan solo cruzando la calle, había una cafetería de las de toda la vida, que debía llevar abierta al menos veinte años. Su estética era retro y anticuada de por sí, porque probablemente no la habían cambiado desde los ochenta. Esa cafetería estaba prácticamente vacía. ¿Realmente nos gusta lo “vintage” o simplemente nos gusta lo “nuevo-viejo”?

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También vivimos en una época en la que puede que algo nos guste o no, pero si lo recomienda una persona “Influencer”, tiene que gustarnos. Quizá esa camiseta que vimos hace un par de semanas en aquella tienda, simplemente, nos horrorizó pero si hoy sale en Youtube o Instagram la “Itgirl” de turno diciendo que tiene una igual y que le encanta, lo más probable es que nos hagamos con una en cuestión de horas.

Sí, porque si creas tendencia y eres influyente, eres “Influencer”, si tienes muchos seguidores en Youtube eres “Youtuber”, si te pasas horas jugando a los juegos del momento eres “Gamer”, si te gusta salir a correr eres “Runner” (y si vas informando en las redes de cuántos kilómetros has hecho, mucho mejor). Si llevas gafas enormes con la estética de las azafatas del “Un, dos, tres”, eres moderno, Hipster o ¿ quizás “Gafapaster”?

En definitiva, podemos decir que nos mueve lo hipster, lo cool, amamos lo retro, lo eco y lo “maravilloser” en este mundo de redes sociales, zumos detox verdes, barbas libres y gramolas admiradas en un bar que acaba de abrir sus puertas.


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3 Comments
  • María Teresa Bueno Aguilar
    Posted at 12:30h, 05 febrero Responder

    La mayoría de las veces somos gilipollers la verdad.
    Yo como estoy fuera de onda, me temo, veo con perplejidad la mayoría de esas cosas. Pero finalmente creo que hay que ser un poco indulgente, porque yo hacía las mismas tonterías con 15 años extrapoladas a los ochenta y me creía muy original.

  • Angy
    Posted at 12:55h, 05 febrero Responder

    ¿Y si nos dedicamos a ser “buena personer” y nos dejamos de tonterías?

  • JaVi
    Posted at 16:58h, 08 febrero Responder

    Cuanta razón! Amén hermana!

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