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Black Mirror, ¿un futuro inmediato?

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A algunos nos encanta la serie británica Black Mirror, otros prefieren no verla, pero lo que sí es cierto es que es la serie del momento, de la que mucha gente habla y a quién más o quién menos, le suena ese título.

Pero, ¿de qué trata Black Mirror? Claramente, es una distopía tecnológica en la que su director, Charlie Brooker, nos muestra posibles “spoilers” de nuestro futuro más inmediato. En cada uno de los capítulos, totalmente independientes unos de otros, vemos cómo las nuevas y enormemente avanzadas tecnologías se apoderan de las personas y del mundo en general.

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Lo que está claro es que es imposible ver un capítulo de Black Mirror y no hacerte pensar. Cuando comienzan a aparecer los títulos de crédito del final, tu cabeza ya está reflexionando, decidiendo si ese tiempo frente al televisor te ha dejado un sabor de boca amargo o, por lo contrario, crees que acaba bien. Reflexión constante con cada capítulo, eso es lo que Brooker quiere de nosotros y desde luego, es imposible ver cualquiera de ellos y que pase desapercibido.

Algunas personas que han visto la serie la tachan de “revienta-mentes”, otros de obra maestra, algunos incluso de pesadillas a camino de hacerse realidad. Hay opiniones de todo tipo acerca del trabajo de Brooker. Y es inevitable que nos planteemos ciertas preguntas: ¿estamos cerca de que cualquiera de los argumentos de esos capítulos puedan ocurrir de verdad? ¿Nos estamos metiendo de lleno en ese tipo de sociedad tecnológica, superficial, insensible y desquiciada? ¿Estamos tan locos por las nuevas tecnologías que cada vez nos estamos deshumanizando más?

Uno de los capítulos de la serie titulado “Nosedive” (“Caída en picado” en la versión en español), narra la metodología para calificar a la sociedad mediante una aplicación en el teléfono móvil. La protagonista del capítulo, Lacie (Bryce Dallas Howard), es una mujer obsesionada por recibir la mayor puntuación social posible para conseguir un importante descuento en la compra de la casa de sus sueños, así como una alta aceptación entre los ciudadanos. Calificar a alguien es tan fácil como decidir cuántas estrellas quiere que tenga y pulsarlas en su teléfono móvil. Y en ese momento, la puntuación pasa a formar parte de la media de aceptación social que tiene ese individuo. Aunque resulte increíble, en China ha gustado tanto este capítulo que ya se está pensando en un experimento social con una aplicación llamada Zhima Credit para generar una puntuación similar a la de la serie. En función de las puntuaciones, una persona tendrá o no descuentos, podrá pedir o no créditos, etc. Francamente, da miedo.

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En definitiva, podemos saber si disfrutamos o no viendo esta serie que nos hace reflexionar, si nos gustan o no las tremendas ideas que salen de la gran creatividad de Charlie Brooker. Pero lo que está claro es que consigue lo que quiere: que nos planteemos si las tramas que él nos muestra pueden llegar a ocurrir en nuestra sociedad, si son ideas tan alejadas del mundo en el que estamos ahora mismo o si, por el contrario, son muy probables en el mundo hacia el que nos estamos encaminando. Ya hay robots con forma de perros, aplicaciones móviles para calificar a las personas; en la Universidad de Harvard ya están trabajando en unas abejas tecnológicas por si acabaran extinguiéndose las reales; ya podemos controlar nuestra casa (luces, música, etc.) gracias a Google Home; cada vez hay más videojuegos de realidad virtual en los que parece que estás inmerso en el mundo que te presentan PlayStation y Oculus Rift; en 2014, apareció Narrative, una cámara que narra breves fragmentos de tu vida. Y así algunos casos más en los que parece que Black Mirror predice el futuro y nos deja claro que lo que nos muestra en sus elaborados capítulos, puede llegar a ocurrir.


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